“Las botellas y los hombres”, de Julio Ramón Ribeyro

“Las botellas y los hombres”, de Julio Ramón Ribeyro
—Lo buscan —dijo el portero—. Un hombre lo espera en la puerta. Luciano alcanzó a dar una recia volea que hizo encogerse a su adversario y dejando su raqueta sobre la banca tomó el caminillo de tierra. Primero vio una cabeza calva, luego un vientre mal fajado pero sólo cuando la distancia le permitió distinguir la tosca cara de máscara javanesa, sintió que las piernas se le doblaban. Como antes de llegar a la puerta de salida había una cantina, se arrastró hacia ella y pidió una cerveza. Luego de echarse el primer sorbo, sobre esa boca quemada por la vergüenza, miró hacia el alambrado. El hombre seguía allí parado, lanzando de cuando en cuando una mirada tímida al interior del club. A veces observaba sus manos con esa atención ingenua que prestan a las cosas más insignificantes las personas que esperan. Luciano secó su cerveza y avanzó resueltamente hacia la puerta. El hombre, al verlo aparecer, quedó rígido, mirándolo con estupefacción. Pero pronto se repuso y sacando una sucia mano del…