"Scorpio", de Julio Ramón Ribeyro
Ramón penetró en su cuarto como endemoniado y, arrojándose de bruces en el lecho, empezó a gimotear. Sentía en el labio inferior una costra de sangre coagulada, sobre la cual pasaba a veces la lengua, como si le fuera imprescindible reavivar el dolor para mantener una cólera razonable. «¡Lo odio, lo odio!», mascullaba, estrujando la almohada y por momentos quedaba inmóvil, como aletargado. «¡Yo lo vi primero!», exclamó de pronto, sentándose de un brinco, y su mirada recorrió toda la habitación, buscando tal vez un rostro amable, un gesto aprobatorio. Su pequeño lamparín de trabajo, balanceándose sobre el escritorio, parecía hacerle reverencias. Ramón se aproximó a él y continuó hablando eufórico: «Yo lo vi primero, en la enredadera, cuando salí a tomar el fresco. Si no ¡que le pregunten a Luisa!», pero Luisa había huido porque tenía miedo de los escorpiones y debía estar en ese momento refugiada en el seno de la mamá. «Porque es más grande que yo y porque ya fuma cuando no lo ven en c…