"Las tres gracias", de Julio Ramón Ribeyro

"Las tres gracias", de Julio Ramón Ribeyro
En todos los chalés de la cuadra y del barrio vivían matrimonios fidedignos con uno o varios hijos, respetables familias burguesas que se frecuentaban o al menos se saludaban —los señores quitándose el sombrero—. Por eso la aparición de tres mujeres que alquilaron el departamento situado encima de la bodega de don Eduardo causó un verdadero revuelo. Tanto más cuanto que las tres eran jóvenes, guapas, fachosas y, según se dijo, oriundas de la tórrida comarca de Loreto. Al principio el barrio no supo por dónde cogerlas y se dedicó a observarlas. Eran presumiblemente hermanas, pues, a pesar de su diferencia de morfología, tenían un aire de familia, salvo que este se explicase por la región selvática de donde provenían. La mayor debía tener unos veinticinco años, era un poco entrada en carnes, de talla mediana, lucía trajes vistosos y cara redonda, solar, que anunciaba un carácter alegre y dispuesto a la convivialidad. La segunda, de unos veinte años, era menudita, linda de rasgos y de figu…