"El polvo del saber" de Julio Ramón Ribeyro
Todos los días al salir de la universidad o entre dos cursos caminaba hasta la calle Washington y me detenía un momento a contemplar, por entre las verjas, los muros grises de la casona, que protegían celosa, secretamente, la clave de la sabiduría. Desde niño sabía que en esa casa se conservaba la biblioteca de mi bisabuelo. De ésta había oído hablar a mi padre, quien siempre atribuyó la quiebra de su salud a la vez que tuvo que mudarla de casa. Mientras mi bisabuelo vivió, los diez mil volúmenes estuvieron en la residencia familiar de la calle Espíritu Santo. Pero a la muerte del patriarca, sus hijos se repartieron sus bienes y la biblioteca le tocó al tío Ramón, que era profesor universitario. Ramón era casado con una señora riquísima, estéril, sorda e intratable, que lo martirizó toda su vida. Para desquitarse de su fracaso matrimonial, la engañaba con cuanta mujer le pasaba por delante. Como no tenía hijos, hizo de mi padre su sobrino preferido, lo que significaba al mismo tiempo que…