¿Se robaron a Julio Ramón? Por Fernando Ampuero Y la vida, de hecho, lo despidió así, con ironía, con una ligera sonrisa; es decir, la actitud que él tantas veces confiriera a sus personajes. Yo aún tengo fresco en la memoria el día en que, desde México, una voz amiga le anunció el consagratorio premio Juan Rulfo, reconocimiento que alegró mucho a Julio, pero que él no alcanzaría a recibir personalmente, pues se murió a las pocas semanas de la ceremonia de entrega. Julio me había llamado para darme la noticia, pidiéndome que la mantuviéramos en privado; hablamos del dinero (sus buenos cien mil dólares), hablamos una vez más del bote a vela que íbamos a comprar y que nunca compramos, y, en fin, quedamos en vernos esa noche. Nos fuimos, junto con Anita Chávez, su compañera de entonces, a tomar unas copas a La Rosa Náutica, ese hermoso restaurante sobre el mar miraflorino. Por esos días solíamos probar suerte en la ruleta de los casinos, y justamente La Rosa Náutica había estrenado no hacía mucho un casino propio. Y…