Cucharas y cucharitas de hospital

Cucharas y cucharitas de hospital
Por Fernando Ampuero Cosa rara, y a la vez intensamente dramática, fue asimismo lo que le sucedió varios años después en un hospital público de Francia. Julio Ramón, quien por entonces se veía como un hombre sumamente delgado —el más flaco entre los flacos—, era un paciente que convalecía de una operación de cáncer al estómago. Su estado era grave y los médicos no tenían mayores esperanzas, razón por la cual lo destinaron a la sala común del hospital. Esa sala, llamada también la sala de los desahuciados, era peligrosa. Allí les ponían el biombo a los enfermos; es decir, los separaban o cubrían para que el resto de pacientes no vieran su agonía. De manera que, si un paciente anhelaba curarse, debía salir de la sala común. Pero para conseguir tal propósito, y para acceder a otra sala donde los médicos proporcionaban mejores cuidados y alimentos, era imprescindible dar muestras de recuperación. El flaco Ribeyro advirtió entonces que su vida dependía de su peso; debía de ganar peso. Todos…