Julio Ramón Ribeyro: El Abominable
Marcos y yo decidimos ir un día en busca de El Abominable Hombre de las Nieves. Esto puede parecer extraño, pues ni él ni yo teníamos pasta de explorador o cazador, estábamos en Lima y no teníamos la menor intención de ir hasta el Himalaya. Marcos había llegado a la conclusión de que El Abominable Hombre de las Nieves se había establecido en los nevados de la sierra central, a unos doscientos kilómetros de la capital. Convencerme de su idea no fue difícil. Para empezar, yo me encontraba sin trabajo, abandonado por una mujer hermosa que se casó con un imbécil, entregado a la bebida y a la cavilación, viviendo a expensas de una madre caritativa, a punto en suma de malograr definitivamente mi vida y convertirme en uno de esos solterones vagonetas y borrachines que pueblan los bares de Lima. Cualquier propuesta que se me hiciera para salir de esa situación, por descabellada fuese, encontraría en mi a un voluntario entusiasta. Que Marcos, por su parte, había ensayado sin fortuna diversos tr…