Bryce Echenique sobre Ribeyro
Julio Ramón fue sin lugar a dudas el mejor amigo que tuve en París. Era un hombre tímido y bastante inseguro, pero que vivió siempre rodeado del afecto de escritores y artistas estupendos. Y era muy leído entre los escritores, sobre todo, y admirado y respetado por autores tan importantes como Julio Cortázar y Juan Rulfo. No era pues el gran solitario que mucha gente imagina y hasta afirma. Además, su trabajo como agregado cultural y luego como delegado alterno del Perú ante la Unesco lo obligaron a tratar y frecuentar con profesionales de la diplomacia e incluso con hombres políticos. Y también es cierto que en esos medios se desenvolvió tan a gusto que yo incluso solía decirle que se había descubierto una segunda vocación, la de diplomático, algo que él aceptaba gustosamente. Fue un lector agudo e insaciable que me guió siempre con sus consejos sobre literatura e historia, pero en cambio nunca fue un escritor metódico y constantemente saltaba de un proyecto a otro y en el camino iba …