"Los eucaliptos", de Julio Ramón Ribeyro

"Los eucaliptos", de Julio Ramón Ribeyro
Entre mi casa y el mar, hace veinte años, había campo abierto. Bastaba seguir la acequia de la calle Dos de Mayo, atravesar potreros y corralones, para llegar al borde del barranco. Un desfiladero cavado en el hormigón conducía a "La Pampilla", playa desierta frecuentada solo por los pescadores. Los sábados íbamos allí, acompañados de la sirvienta y de los perros. En la playa estrecha y pedregosa —apenas un zócalo entre el barranco y el mar— pasábamos largas horas desenterrando patillos muertos, recogiendo conchas y caracoles. Los perros corrían por la orilla, ladrando alegremente al océano. Por las paredes del acantilado trepaba el musgo, la yerba salvaje, y caía un agua fina que bebíamos en la cueva de la mano. Matilde, nuestra sirvienta, iba siempre a la cabeza del grupo. A pesar de ser una moza, sabía multitud de cosas extrañas, como la gente crecida en el campo. Preparaba trampas para los gorriones, distinguía las matas de ortiga entre la maleza o los panales de avispas e…