El último Julio Ramón Ribeyro Por Enrique Sánchez Hernani Nunca crucé palabra con Julio Ramón Ribeyro. Un día Guillermo Niño de Guzmán pretendió presentármelo. No recuerdo el año, pero sí la hora: 11 de la mañana, Hotel Crillón. JRR llegó puntual, Willy demoraba. Él, como no me conocía, pasó veloz hacia el bar del hotel. Cuando Willy llegó, JRR ya no tenía ánimos de hablar con un extraño. Apenas me dio su mano de dedos muy finos. Saliendo del hotel, JRR parecía un ave de paso que huía del mundo. Ahora son las 11 de la mañana de otro día y otro año. JRR no está más. Willy me ha citado a su departamento miraflorino para hablar del amigo ausente. No hay vino, sólo dos vasos de Coca Cola con hielo. Willy piensa en voz alta. «Julio Ramón volvió al Perú porque al cabo de tantos años fuera sentía nostalgia. Juzgaba que había cumplido su ciclo europeo. El París que él había conocido no existía más. La mayoría de amigos que había frecuentado o se había ido o había muerto. Tampoco hacía ya la misma vida que se hace de joven …