"Mariposas y cornetas", de Julio Ramón Ribeyro
Hacía apenas una semana que era nuestra vecina y ya el barrio estaba alborotado. Venía de Chile, era hija única de padre alemán y madre araucana y de esta combinación había surgido un fruto raro y exquisito. El primer día que asomó a la calle hasta a los chicos se nos cayó la baba. Nunca habíamos visto cutis más rosado, trenza más negra y sedosa, ojos tan celestes y turgencias tan marcadas que nos hicieran revisar nuestra idea de la belleza. Las chicas del barrio eran delgadas, elásticas, acrobáticas, andróginas, mozuelos con falda y peluca, pero Frida era ye-llenita, lenta y convexa por donde se la mirara. A nadie se le hubiera ocurrido desafiarla a una sesión de lucha romana o invitarla a caminar por el filo de altas tapias, como hacíamos con las otras chicas. Era como una mamá chiquita, algo reposado y dulce. un regazo donde provocaba caer y quedarse dormido. Las chicas del barrio al comienzo le hicieron hielo pues vieron en ella un elemento extranjero que podía poner en peligro el …