"Junta de acreedores", de Julio Ramón Ribeyro

"Junta de acreedores", de Julio Ramón Ribeyro
Cuando el campanario de Surco dio las seis de la tarde, don Roberto Delmar abandonó el umbral de su encomendería y, sentándose tras el mostrador, encendió un cigarrillo. Su mujer, que lo había estado espiando desde la trastienda, sacó la cabeza a través de la cortinilla. — ¿A qué hora van a venir? Don Roberto no respondió. Tenía la mirada fija en la puerta de la calle, por donde se veía un pedazo de pista sin asfaltar, la verja de una casa, unos rapaces jugando a las bolitas.  —No fumes tanto —prosiguió su mujer—. Tú sabes que eso te pone nervioso.  - ¡Déjame en paz! —exclamó él, dando un golpe en el mostrador. Su mujer desapareció sin decir palabra.  El continuó mirando la calle, como si allí se estuviera desarrollando un espectáculo apasionante. Los representantes no tardaban en llegar. Las sillas ya estaban preparadas. La sola idea de. verlos sentados allí, con sus relojes, sus bigotes, sus mofletes, lo exacerbaba: "Hay que conservar la dignidad —se repetía—. Es lo único que todaví…